La salud mental se ha convertido en uno de los grandes desafíos del país, dado que, si bien se ha avanzado en la materia a nivel legislativo, las dificultades de acceso han ido en aumento. En este contexto, La Mañana dialogó con Carolina Moll, licenciada en Psicología y docente de la Facultad de Psicología de la Universidad de la República, para analizar la situación actual, las principales carencias y los retos que aún quedan pendientes.
¿Cómo evalúa hoy la situación de la salud mental en Uruguay?
Uruguay atraviesa un momento clave en materia de salud mental, caracterizado por una tensión entre avances significativos a nivel normativo y conceptual, y persistentes dificultades en la implementación efectiva de los mismos. Hay marcos legales, diagnósticos claros y conocimientos que permiten identificar los principales puntos críticos, orientando políticas públicas desde una perspectiva de derechos humanos y con alcance nacional. Políticas que deben estar acompañadas con avances y cambios en otras dimensiones sociales como la vivienda, el trabajo, la educación. Es una situación compleja pues debemos tomar en cuenta la alta prevalencia de los problemas de salud mental, con un impacto significativo y un costo social muy alto. Por lo tanto, si bien se reconocen avances importantes en cuanto a la visibilización de la salud mental y su complejidad y problemática, seguimos observando indicadores críticos que la han convertido en un tema prioritario. El Ministerio de Salud Pública (MSP) ha publicado una serie de medidas y acciones a implementar paulatinamente, lo que nos mostraría un escenario con prácticas más efectivas y en parte sostenibles, fortaleciendo la integralidad, la coordinación entre diferentes áreas y sectores, en definitiva, fortaleciendo las capacidades del sistema hacia lo comunitario, con más participación social, tomando en cuenta los diversos territorios.
¿Cuáles considera que son los principales obstáculos que encuentran las personas cuando buscan atención en salud mental?
Hay muchos obstáculos y dificultades para las personas que buscan atención en salud mental, no se limitan al sistema sanitario, sino que en parte reflejan desigualdades sociales. Obstáculos que van desde condiciones socioculturales, desigualdades de género, geográficas, económicas, que inciden directamente en las posibilidades de acceso. La inequidad territorial sigue siendo un problema central, en el interior del país la relación entre demandantes de atención y profesionales se vuelve especialmente crítica. A su vez, uno de los nudos más visibles para la población es la dificultad de acceso oportuno, los tiempos de espera para ser atendidos por profesionales son muy prolongados tanto en lo público como en lo privado; se retrasan así diagnósticos y tratamientos, pudiendo desarrollar una evolución negativa en ese tiempo e incluso llegando a conductas límites.
No podemos olvidar la sobrecarga del sistema sanitario, dado que las problemáticas no son abordadas desde otros dispositivos intersectoriales. Por ende, se observa una saturación de servicios y una menor capacidad de respuesta. El desafío radica en aumentar cantidad y diversidad de especialistas, pero también en fortalecer el primer nivel de atención con respuestas ágiles, reducir los tiempos de espera, reorganizar recursos en los diferentes territorios, avanzando hacia estrategias intersectoriales y multidisciplinarias, abordando las causas sociales de los sufrimientos y malestares.
¿Qué papel debería tener el Estado frente a esta problemática?
El Estado tiene un papel insustituible en la definición y construcción de una política de salud mental, consolidándola como una verdadera política de Estado, lo cual implica no solo garantizar servicios de atención, sino también promover una concepción integral de la salud mental centrada en el bienestar y los derechos humanos. Es necesario articular políticas entre sectores y actores diversos, dado que la salud mental excede el ámbito sanitario. Debe llevar adelante el fortalecimiento de las acciones de promoción y prevención, apuntando al bienestar y no solo a la enfermedad.
Suele decirse que el sistema de salud no cuenta con los recursos suficientes para atender la demanda actual. ¿Dónde están las fallas en ese sentido?
Las dificultades no radican únicamente en la falta de recursos, sino en cómo estos se definen, se distribuyen, se utilizan. Persisten inequidades territoriales y déficits en los dispositivos comunitarios que aseguren la continuidad de la atención. Falta fortalecer la articulación y realizar transformaciones internas en las organizaciones de salud, aspectos que limitan avanzar hacia un modelo integral, que es lo que propone la ley vigente de salud mental. Los dineros destinados resultan insuficientes para promoción, prevención, monitoreo, entre otras acciones necesarias. Las fallas estarían combinando factores de diversa índole como financiamiento, planificación en la coordinación y la priorización, afectando las respuestas.
Uruguay registra una de las tasas de suicidio más altas de la región. ¿Qué factores cree que influyen en este fenómeno?
El suicidio es un fenómeno con un nivel de complejidad alto, no pudiéndose reducir a un solo factor, es multicausal y multifactorial. Intervienen factores sociales, económicos y culturales como las desigualdades, la pobreza, la exclusión, la violencia que se ha instalado en la sociedad, así como características propias de la vida contemporánea que afectan el sentido que se le da a la vida y el bienestar en general. También debemos tomar en cuenta barreras culturales, como el estigma y el tabú alrededor del suicidio, que generan dificultades para hablar del tema, reconocer el sufrimiento y buscar ayuda. El problema del acceso a la atención y de mayor difusión del tema, apuntalando así la promoción y prevención, inciden significativamente en esta realidad. Se ha visto que hay franjas etarias en las cuales se da más, también en los lugares más alejados, así como en personas que se desempeñan en roles ocupacionales específicos, por ejemplo, la policía.
Hay mucho para hacer. En este sentido, resaltamos la importancia que le han dado al tema los centros académicos, así como organizaciones que han ido surgiendo de familiares de quienes cometieron suicidio, personas que lo quisieron llevar adelante y no pudieron lograrlo, entre otros actores intervinientes. Y resulta muy interesante e importante el trabajo realizado por estas organizaciones, en conjunto con los núcleos académicos y otras organizaciones a las cuales el tema las interpela. La Coordinadora de Psicólogos del Uruguay apoyó una campaña que se llevó adelante entre los años 2023 y 2024, La última foto, que dio mucha visibilidad al tema tanto en Montevideo como en diversas localidades del interior. A través de ella se transmitió que de esto se habla, se comparte, se visibiliza. Se debe seguir contribuyendo a hablar del tema, a no ocultarlo, para disminuir estigmas y mitos que giran a su alrededor.
¿Cómo valora el funcionamiento de la línea telefónica nacional de apoyo emocional? ¿Está cumpliendo su objetivo?
La valoramos de manera muy positiva. Es necesaria, logra actuar, contener, apoyar e incluso en algunos casos disminuir ideas suicidas. Mundialmente ha tenido éxito, y nuestro país no ha sido la excepción. Ha sido un logro muy importante.
Fuente: Entrevista realizada por La Mañana UY