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Historia

La Coordinadora de Psicólogos fue fundada el 22 de octubre de 1987. Por primera vez en la historia de la Psicología Uruguaya, egresados de los diferentes centros universitarios donde se formaba en Psicología, se constituían en un gremio único. La Coordinadora de Psicólogos fue conformada por la Asociación de Psicólogos Universitarios del Uruguay, la Asociación de Psicólogos Universitarios Egresados de la Escuela de Tecnología Médica, la Asociación de Egresados de la Escuela Universitaria de Psicología y la Asociación de Psicólogos Egresados del Instituto de Filosofía, Ciencias y Letras. A ellos se sumaron gran cantidad de psicólogos universitarios que no pertenecían a esas asociaciones.


Como un guiño sin pretensiones, como un mera coincidencia con el proceso fundacional de la República, que juró su Constitución en 1830 pero declaró su independencia cinco años antes, la CPU es una institución legal desde 1987, pero fue un lustro más atrás cuando dio sus primeros pasos como organización gremial.

En los tempranos años 80 comenzó a tomar mucha fuerza la necesidad de que los profesionales de la psicología convergieran bajo una única institución que tutelase sus intereses y los nuclease tras reivindicaciones comunes. Uno de los primeros números del boletín de la entonces incipiente agremiación daba cuenta de que era hora de dirigir los esfuerzos hacia ese objetivo, porque “ya van muchos años de aislamiento, rivalidad e inercia inconducente”.

La educación académica pública en psicología data de principios de la década de 1930, con la creación del Laboratorio de Psicopedagogía por parte del Consejo Nacional de Enseñanza Primaria y Normal. Aunque paralelamente también existieron instituciones privadas y sociedades, que dictaban cursos o agrupaban a aficionados y amantes de la disciplina. En 1948, en el hospital Pedro Visca comenzó a funcionar la asignatura en psicología infantil (antecedente del curso que luego impartió la Escuela de Tecnología Médica), pero la respuesta estatal más importante para la formación académica llegó en 1956, cuando se creó la Licenciatura que funcionó en la Facultad de Humanidades de la Universidad de la República (Udelar).

Para cuando el país cayó en dictadura, el 27 de junio de 1973, la psicología no fue ajena a su prepotencia cuando la Universidad fue cerrada temporalmente. Sólo que al reabrirse algunos cursos no volvieron a funcionar, como la Licenciatura de Psicología que fue clausurada definitivamente. Unos años después, en 1978, se creo la Escuela Universitaria de Psicología (EUP) que llegó para ocupar el lugar de la extinta Licenciatura.

De esta manera, con una nueva institución y con su antecedente clausurado, el ambiente de dispersión entre los psicólogos se hizo más notable. Incluso fue propicio para escenarios de discriminación, entre psicólogos que se abrogaban un mayor prestigio profesional a partir de su diploma y origen académico, en desmedro de quienes, por ejemplo, obtenían un título avalado por la dictadura militar. También existió recelo hacia los egresados del Instituto de Filosofía, Ciencias y Letras (antecedente de la Universidad Católica), por lo que la unificación por entonces parecía, cuanto menos, difícil.

Un haz de luz

Lo que se considera un primer acercamiento, el germen embrionario para la futura CPU ocurrió en 1983, cuando el 28 de octubre se reunieron por primera vez delegados de todas las asociaciones de egresados en Psicología del país. La determinación relevante surgida del encuentro fue la conformación de una mesa coordinadora (de ahí el nombre que desde entonces utiliza) dirigida al intercambio de ideas e inquietudes con el objetivo de aunar fuerzas para alcanzar metas compartidas.

Participaron profesionales de la Sociedad de Psicología del Uruguay, la Asociación de Psicólogos Universitarios del Uruguay, la Asociación de Psicólogos Universitarios Egresados de la Escuela de Tecnología Médica, la Asociación de Psicólogos Egresados de la Escuela Universitaria de Psicología y la Asociación de Psicólogos Egresados del Instituto de Filosofía, Ciencias y Letras.

El trabajo de este colectivo plantó la semilla de lo que poco después vería frutos, porque fue nombrada una comisión que representó a la psicología en la frustrada Semana de la Salud, una actividad dirigida a congregar a todas las agremiaciones relacionadas a la salud para el intercambio de visiones, inquietudes y proyectos.

La Semana de la Salud fue programada para diciembre de 1983 pero fue prohibida por la Policía. No obstante, a pesar de la censura se celebraron encuentros de menor magnitud al inicialmente planeado, tanto en el Palacio Peñarol y como en el taller de Emaus del Paso Molino.

Para la naciente CPU fue un acontecimiento casi definitorio porque permitió presentar en sociedad a los trabajadores de la psicología organizados, codo a codo con los más importantes y arraigados gremios vinculados a la salud. Además, se celebró entonces “el primer plenario con carácter gremial” y fueron producidos los primeros documentos fruto del trabajo mancomunado.

Hacia el retorno del cogobierno en la Udelar

Cuando en agosto de 1984 la dictadura anunció que la Universidad volvería a los regímenes de autonomía y cogobierno, se conformó la Comisión Interegresados Para la Universidad (CIEPU) con el objetivo de elaborar un plan de gestión transitorio para el período que abarcó desde el cese de la intervención militar hasta celebración de elecciones universitarias, que serían en setiembre de 1985.

Lo usual y evidente en todo caso fue el retorno a sus funciones de las autoridades en su momento destituidas, siempre que esto fuera posible. Pero el problema extra que acarreaba Psicología respecto a otras facultades o licenciaturas era que la EUP, al ser creada por la intervención militar, no tenía antecedentes ni autoridades previas, por lo que había que celebrar elecciones para la conformación de ese gobierno interino.

Entonces, la Coordinadora tuvo a su cargo la nada sencilla tarea de articular el encuentro de tres corrientes, tres voluntades para la elaboración de la lista de postulantes por el Orden de Egresados. La solución a la que se llegó fue la conformación de tres listas paralelas de precandidatos: por un lado, se postularon egresados de la Licenciatura que funcionó en Humanidades; otro grupo lo formaban profesionales que comenzaron la carrera en la Licenciatura pero la finalizaron en la EUP; y por último, egresados que cursaron toda su carrera en la EUP. De estas tres listas, con participación equitativa, surgieron los nombres de los elegidos para conformar la lista definitiva por el Orden de Egresados que participaría en dichas elecciones.

Como paralelamente la Psicología daba su pelea para la formación de un Claustro General y  la creación de un centro único de formación, para las elecciones universitarias de setiembre de 1985 se acordó con la Universidad prorrogar los comicios en el sector y mantener en funciones a las autoridades interinas electas meses atrás, con el afán de concentrar toda la energía en esos dos objetivos.

Posteriormente, el 15 de junio de 1989, con el Instituto de Psicología de la Universidad de la República (IPUR) desde 1987 funcionando en lugar de la EUP, la Psicología se acoplaría al calendario de elecciones universitarias con el conjunto de todas las facultades para la designación de autoridades.

Desde la CPU se llamó a egresados, docentes y estudiantes a participar de la votación “que materializa las aspiraciones y desvelos de tantos y tantos compañeros que durante muchos años hemos bregado por ubicar a la Psicología Universitaria en el lugar que le corresponde dentro de la Universidad”.

En ese sentido, junto al reclamo por el retorno de la autonomía y el cogobierno se procuraba “que los delegados gremiales sean los adecuados instrumentos de representación y consulta de sus gremios y había también un marcado interés en expandir el alcance del trabajo de la Psicología Universitaria en el interior del país, así como profundizar la vigilancia de los aspectos éticos del ejercicio de la profesión”.

El día "P"

Como se mencionó algunos párrafos más arriba, el IPUR se erigió para ocupar el lugar de la Escuela Universitaria de Psicología. La nueva institución, en funciones desde finales de 1987,  fue respuesta a un repetido reclamo de la propia CPU: la necesidad de contar con un centro único de formación con nivel de Facultad y un nuevo plan de estudios que nuclease dentro de sí a todas las carreras de formación en psicología.

En contradicción al orden establecido, esta nueva institución se creó con posterioridad al Claustro que habría de dirigirla, porque en su origen fue un órgano fundacional más que rector. El Claustro ya trabajaba desde tiempo antes, a instancias del Consejo Directivo Central de la Udelar, como el instrumento que impulsaría la creación de ese centro único de formación, a la postre, el IPUR.

La fecha oficial de instalación de dicho Claustro fue el 6 de diciembre de 1987, dando vida así al nuevo instituto. El acontecimiento quedó grabado como uno de los de mayor trascendencia en la historia de la psicología post dictadura, al punto que quedó inmortalizado en el calendario como “Día del Psicólogo” en el Uruguay. Así es que por estos días se cumplen también 25 años desde que los psicólogos uruguayos celebran su orgullo y amor por la profesión.

Alcanzado el centro único de formación con plan de estudios (Plan 88) y titulación estandarizados, la recuperación del estatus de Facultad, el 15 de marzo de 1994, vino a completar el denodado trabajo de generaciones y generaciones de individuos que lucharon toda su vida por la psicología. Como describía la Comisión de Universidad de la CPU en el Boletín de abril de 1994, “las cosas no van a resolverse porque ahora somos Facultad, pero no debemos dejar de ver que esto implica un reconocimiento y justicia a lo interno de la Universidad. Y no podemos desconocer que nuestro lugar y nuestras herramientas para la búsqueda de soluciones son ahora mucho más ventajosas”.

La CPU en su viaje interior

Paysandú fue sede del 1er. Encuentro de Psicólogos del Interior, el 23 de abril de 1988. Si bien algunos departamentos ya contaban con sus agrupaciones de psicólogos locales, este hito oficializó el carácter indiscutiblemente nacional de la -desde entonces en los hechos- Coordinadora de Psicólogos del Uruguay. Delegados arribados desde Montevideo dieron auspicio en nombre de la CPU al encuentro, con el importante objetivo de expandir el modelo de organización gremial que ya había dado varios pasos en la capital del país.

Puede catalogarse de gran éxito esta primera edición, si se pondera que una de las resoluciones adoptadas por la asamblea fue que debía repetirse la experiencia ese mismo año, en la ciudad de San José. La capital maragata alojó el 1 de octubre el 2º Encuentro y los principales asuntos que se acordaron fueron la necesidad de profundizar la organización gremial de los psicólogos del interior y la “problemática” que viven algunas ciudades fruto de la convivencia laboral entre psicólogos residentes y los que viajan periódicamente para trabajar allí.

El tercer encuentro fue en La Paloma, Rocha, los días 6 y 7 mayo de 1989, y allí se alcanzó una resolución por decisión unánime: “crear un gremio único nacional de psicólogos” y conformar una comisión para elaborar los estatutos correspondientes. Al poco tiempo, con presencia de delegados de las agrupaciones de Tacuarembó, Rocha, Durazno y Flores, San José, Salto y Paysandú, Cerro Largo, Canelones y de CPU Montevideo se llevó a cabo la primera reunión de la Comisión de Psicólogos del Interior.

La primera sesión oficial de esta nueva comisión fue el 6 de octubre de 1990, con presencia de miembros de San José, Durazno, Soriano, Treinta y Tres, Colonia y Lavalleja. Uno de los principales cometidos que se planteó entonces fue que los psicólogos del interior pasaran a formar parte de la Mesa Ejecutiva de la CPU.

La profesión se hace ley

El debate en torno a la reglamentación de la profesión forma parte de la propia historia de la psicología uruguaya. Como se detalló más arriba, la pluralidad de instituciones que convivieron a lo largo del siglo pasado formando profesionales y la insalvable influencia que tuvo la dictadura militar, retrasaron hasta los albores del milenio el arribo de una ley que regulase el ejercicio profesional.

El primer antecedente del que existe registro data de 1971, cuando dos médicos psiquiatras, los doctores Tobler y Bachini, procuraron a través del Ministerio de Salud Pública impulsar una norma que dejara por sentado que los psicólogos deberían desempeñarse “bajo control del médico especialista y dentro de los límites de su autorización”.

La respuesta a esta iniciativa llegó dos años después con dos anteproyectos de ley, uno redactado por la Sociedad de Psicología del Uruguay y otro por parte de la Licenciatura que funcionaba en Facultad de Humanidades. El “trancazo” y la dictadura diluyeron el asunto.

Pero fue el propio gobierno de facto quien retomó esta inquietud en 1976 y dio el primer paso para reglamentar, decreto mediante, el trabajo de los técnicos en psicología infantil. Es decir, de quienes fueran egresados de la Escuela de Tecnología Médica (por entonces, único centro de formación estatal, abolida la Licenciatura en 1973).

En 1980 fue el Ministerio de Educación y Cultura quien emprendió el camino de la reglamentación, al encargarle un anteproyecto al entonces director de la Escuela Universitaria de Psicología, médico psiquiatra Mario Berta.

Con el surgimiento de la CPU, en 1983, la cohesión de los diversos grupos de psicólogos egresados bajo un mismo lema permitió ajustar una posición uniforme respecto al dilema planteado, para dar la pelea ante las autoridades y ante la sociedad toda. Al año siguiente, en 1984, se conformó una comisión de reglamentación para trabajar al respecto, con tres cometidos fundamentales para una posible ley: a) independencia y plena responsabilidad en el trabajo; b) defensa de la profesión y de sus profesionales; c) protección de la comunidad. Por cierto que el motivo subyacente en toda iniciativa al respecto era delimitar quiénes serían los profesionales habilitados para el ejercicio de la profesión.

Se llegó a 1986 con un texto elaborado, avalado por juristas y apoyado en ejemplos extranjeros. Pero en la lista de prioridades se coló la creación del IPUR y se creyó conveniente posponer esta pelea para conseguir la también ansiada conformación de un centro único de formación. Además, esta institución tendría, entre otros cometidos, la uniformización de la expedición de títulos, asunto íntimamente relacionado con la reglamentación de la profesión.

En 1991 la CPU retomó el anteproyecto de ley que habría de tardar casi toda esa década en concretarse, puesto que recién en 1996 el Poder Legislativo, a través de la Comisión de Salud Pública y Asistencia Social de Diputados se hizo parte de la idea y entonces la caratula del texto cambió de anteproyecto a proyecto de ley. Un primer y significativo avance.

Aunque el camino hasta la promulgación no fue nada sencillo, ya que tanto particulares como   asociaciones que nucleaban a personas que ejercían la psicología intercedieron porque el proyecto que se estaba considerando les obligaba a un trámite con nulas posibilidades de validar un título.

La piedra angular del asunto estuvo en la modificación que recibió el artículo 3 del anteproyecto que presentó la CPU, en el que se esgrimía que quienes tuvieran un título de una institución no habilitada por el Estado podrían hacer el trámite de validación ante la Universidad de la República. El cambio introducido al respecto fue que dicha evaluación no correría por cuenta de la Udelar, sino que fue creada una comisión especial (referida en el artículo 4º) que sería la encargada de decidir en estos casos.

El 10 de agosto de 1999 el Parlamento sancionó la Ley nº 17.154 relativa al Ejercicio de la Profesión de Psicólogo, y desde entonces alrededor de 500 casos se presentaron ante la comisión para validar su título y cerca de la mitad recibió la habilitación para continuar ejerciendo.

Desde la CPU, en el editorial de la publicación oficial de setiembre de 1999 el hecho fue celebrado como "el broche de oro para muchos compañeros que lucharon desde hace tantos años". La carta advierte que el logro "tiene un sabor especial" y toca las raíces mismas del gremio, porque la reglamentación de la profesión fue, justamente, uno de los motivos fundacionales de la Coordinadora, que junto a otras reivindicaciones, consiguió alinear a los psicólogos tras una misma bandera.